Tuve la fortuna de conocer Danzas Polinesias de Guadalajara gracias a mi mamá, quien desde joven formó parte de esta academia. A través de ella nació en mí un cariño muy especial por este tipo de baile, por su cultura y por todo lo que representa. Años después, tuve la oportunidad de ser fotógrafo en uno de sus festivales, y fue ahí donde pude vivir una experiencia mucho más cercana. Desde detrás de la cámara admiré no solo el talento, sino también la entrega, la organización y la pasión que se vive en cada presentación. Tiempo después, mi hermano se integró al crew, y al verlo a él junto con el resto de los chicos y chicas entendí que DPG no era solamente una academia: era una familia unida por el amor a la danza polinesia. Cuando finalmente regresé a vivir a Guadalajara, no lo pensé dos veces y me integré al equipo. Fue una gran sorpresa encontrarme con tanta disciplina, tanto trabajo detrás de cada presentación, tanta creatividad por parte de las directoras y, sobre todo, tantas manos haciendo posible cada baile, cada show y cada concurso. Ser parte de DPG ha sido una de mis etapas favoritas de vida. Conocí personas increíbles que hasta el día de hoy siguen siendo mis amigos. Presentarme en teatros, concursar, viajar y formar parte del crew fue una experiencia que siempre voy a recordar con mucho cariño y que recomiendo a cualquier persona que quiera vivir algo verdaderamente especial. Gracias, Danzas Polinesias de Guadalajara, por hacernos parte de su historia. Siempre tendré una profunda admiración por ustedes, por cada generación y por cada logro que han construido con tanto amor, esfuerzo y pasión.